Cristianismo Descafeinado. Palabra de Dios

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banquete de bodas brueghel

«El banquete de boda está preparado, pero los invitados no eran dignos.  Id, pues, a los cruces de los caminos y convidad a la boda a todos los que encontréis». (Mateo 22,1-14)

Por Johanna Cardona B.

Hoy tenemos la tentación de hacer un “cristianismo a la carta”, a nuestra medida, donde se toma lo que interesa y se rechaza lo que nos incomoda, un cristianismo “descafeinado”, como todo lo que hoy consumimos, sin sustancia, sin sabor, un cristianismo acomodado.

Y de esta manera ¿a quién vamos a convencer de la novedad radical y revolucionaria del Evangelio? ¡Cuántas excusas! Para Dios, lo último. Como las excusas de los invitados a la boda, nosotros también le ponemos al Señor todas los “peros” cuando nos invita a su banquete, a su Eucaristía, a vivir el Evangelio.

Me pregunto, que hemos hecho del cristianismo. Lo hemos convertido en una caricatura, hemos hecho que la sal se vuelva sosa y hemos escondido la vela debajo de la cama. Preferimos enredarnos en nuestros negocios humanos antes de salir corriendo cuando Dios nos llama a trabajar por el Reino de Dios. En el Evangelio, el señor de la parábola se siente dolido por la negativa a asistir de los que estaban invitados en primer lugar al banquete. 

En aquella época los judíos, los fariseos, en la nuestra los que nos llamamos cristianos de toda la vida, los aparentemente “cumplidores” e “intachables”.  Nos creemos con derechos adquiridos, salvados porque nos lo merecemos.  ¿Para qué preocuparse de más? Pero el Evangelio no funciona así.

A la fe se llega por una conversión del corazón y de la vida, y una adhesión a la persona de Jesucristo como Centro y Eje de nuestra existencia toda.  Vivimos un bautismo de “cristiandad”, basado en una fe que es herencia más que don, cultura más que convicción, barniz más que profundidad.

Por eso Dios invita a los pobres, a los que están fuera, a los que no cuentan, a los que aparentemente son poco religiosos, a los que están al margen y en las cunetas de la vida. Para Dios, los más sencillos, los más necesitados, los más indigentes, son los preferidos en el banquete del Reino.  Es alarmante que la Biblia sea tan poco “comida”, leída y conocida entre los propios católicos.  Lo mismo ocurre con la Eucaristía, el sacramento fundamental que alimenta nuestra fe y nos hace Iglesia.

¿Qué está pasando?. ¿Por qué los principales invitados al Banquete son los que más excusas ponen a la hora de asistir?.  ¿Será que no aprecian la invitación? ¿O en realidad es la Eucaristía y su forma de celebrarla, la poca conexión de lo que allí se dice y se vive con la vida real de las personas, da la sensación de que no significa nada?   Quizá es necesaria una seria purificación.  Me invito a reflexionar seriamente como sacerdote y como cristiano.

Me animo a seguir haciendo de la Eucaristía una fiesta de encuentro, un alimento de la fe y un estímulo para el testimonio, un compartir y hacer vida la Palabra del Señor. 

Nota: Recuerde que este mes de Misiones nos invita a Orar, Ofrecer Sacrificios y Ofrendas. Mail: elciast@hotmail.com

Domingo 15 de Octubre de 2017- Domingo XXVIII Tiempo Ordinario- Ciclo A- P. Elcías Trujillo Núñez

 

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