Apostemosle al mayor tesoro. Palabra de Dios

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El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo

Qué bueno es encontrarse con un Maestro, que desde las parábolas transmite de manera sencilla y pedagógica un profundo mensaje.

Hoy el Evangelio nos invita a comparar el Reino de Dios con un tesoro, con una preciosa perla, con una red de peces. Todas nos hablan de buscar el Reino de Dios y poner en él todo nuestro interés, pasando a un segundo lugar otras cosas también valiosas de nuestra vida.

Y es que cuando uno se encuentra de verdad con Jesús y se siente seducido por su propuesta, por su mensaje, por su Proyecto del Reino, la escala de valores se invierte y se organiza de otra manera. Ya no se vivirá para sí mismo, sino para el Reino, para Dios y desde allí para los demás. Es muy normal lo que hacen el agricultor, el comerciante y el pescador de las parábolas de hoy.

Saben lo que han descubierto, venden todo lo que tienen, y se compran el campo, la perla, los mejores peces. A partir de ese momento saben muy bien distinguir lo esencial de lo accidental, lo necesario de lo superfluo. Ya cualquier cosa no les convence ni les da la felicidad.

Encontrando a Jesús, todo lo demás es relativo; todo tiene a partir de allí una nueva mirada. Entonces todo se ve con los ojos nuevos de la fe y del amor.  Vivir ya no es sólo pasarlo bien o disfrutar los pocos días que nos quedan. Vivir será ya vivir desde Dios y para los demás. El mundo ya no nos será indiferentemente egoísta. Quien sigue a Jesús se compromete con Él para erradicar el mal y construir una sociedad más justa y solidaria. Somos llamados a   vivir felices con las cosas sencillas y a saberlas disfrutar.

El hombre  a lo largo de la historia busca ser feliz, llenar de respuestas sus preguntas existenciales, encontrar algo que colme su vida, dar sentido a su existencia. Ésos son el tesoro y  la perla que buscamos todos, pero no siempre los encontramos en  medio de esta sociedad nuestra que nos atiborra de cosas para hacernos  olvidar que estamos llamados a ser felices de otra manera, en las cosas  más sencillas de la vida.

Desgraciadamente, no todo el mundo, ni nosotros llamados cristianos, llegamos a conocer de verdad cuál es el verdadero sentido y contenido de la felicidad, pues no sabemos distinguir, ni separar como hace el pescador de la parábola, lo bueno de lo malo, lo que hace bien de lo que nos hace daño. Que sepamos descubrir y encontrar ese tesoro, esa perla preciosa, que es la felicidad de las cosas sencillas.

Nota: con la visita del Papa Francisco, demos el primer paso por la reconciliación y la paz. Mail: elciast@hotmail.com

Dom 30 de Julio de 2017- Domingo XVII- Ciclo A.
P. Elcías Trujillo Núñez

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