El Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás… Decía: se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio (Marcos 1,12-15).
Por Johanna Cardona B.
La Iglesia año tras año nos invita a entrar en el ciclo ritual y litúrgico de la Cuaresma, un tiempo de conversión, de solidaridad y de alegría. La Ceniza que fue puesta en nuestras cabezas, el pasado miércoles, expresaba el sincero deseo de cambio en nuestra vida, que está sometida al rutinario devenir de los días y los años.
Una rutina que muchas veces no nos hace vivir conscientemente nuestra existencia y donde se nos van pegando corazas que endurecen nuestro corazón, nuestros sentimientos, nuestro espíritu. De ahí que la Cuaresma es un toque de atención para ponernos en marcha y mirar hacia dentro, hacia lo profundo de nosotros mismos escucharnos, y escuchar la voz amorosa de Dios que renueva en nosotros su presencia, su protección, y su llamada a ser lo mejor de nosotros mismos.
Este es el sentido del ayuno, de la abstinencia: dominarnos a nosotros mismos, ser señores de nuestras vidas, no dejar que las cosas materiales no aten, hacer que nuestro cuerpo y nuestra alma vivan en armonía, ser conscientes de las múltiples tentaciones que nos acechan y que por caer en ellas, nos impiden ser felices, en especial la tentación del dinero, del materialismo, de la apariencia, de la fama, del poder.
Cuaresma es creer en la fuerza renovadora liberadora del Evangelio, que nos invita a creer, trabajar por el Reino de Dios, luchando siempre contra esas tentaciones que también sufrió Jesús, como nos recuerda hoy el Evangelio. Cuánto daño hace a nuestra vida caer en tentaciones, destruyen los aspectos fundamentales de nuestra existencia: menos tiempo para la familia, menos tiempo para los amigos, menos tiempo para dialogar, menos tiempo para la solidaridad, menos tiempo para la comunidad, para servir, menos tiempo para el descanso, para escuchar nuestros sentimientos, menos tiempo para interiorizar nuestros comportamientos, incluso menos tiempo para Dios.
Jesús nos invita en esta Cuaresma, ir con él al desierto, a echar un vistazo a lo más profundo de nosotros mismos, desenmascarar los engaños que nos hacen creer que es mejor y más feliz el que más tiene, el que más manda, el que más aparenta, el que más vence, el más egoísta. Cuaresma nos recuerda que sin esfuerzo y perseverancia no hay crecimiento humano ni cristiano. Cuaresma en definitiva es invitación a amar, agradecer, perdonar más, preocuparnos de lo que nos rodea, ser más solidarios con los que sufren, es tiempo para buscar y centrar nuestra vida en Dios.
Nota: Desde el MIERCOLES DE CENIZA iniciamos la CAMPAÑA CRISTIANA DE BIENES, todos nuestros ayunos y abstinencias deben convertirse en ofrenda para hacer presencia católica en los espacios de sufrimiento. Email: elciast@hotmail.com
Domingo 18 de febrero de 2018 – 1° Cuaresma – Ciclo B- P. Elcías Trujillo Núñez