COLOMBIANOS, NECESITAMOS UN NUEVO PENTECOSTÉS

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«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo.

Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará.» (Juan 15, 26-27; 16, 12-15)

Con la fiesta de Pentecostés la Iglesia celebra la venida del Espíritu Santo sobre los testigos del acontecimiento trascendental de la historia de la humanidad: Jesucristo, su muerte y resurrección.

Estos testigos recibieron de Jesús su Espíritu, su ímpetu, su aliento y su fuerza para transmitir por toda la tierra la gran noticia del evangelio, proclamando la más profunda verdad del ser humano, a saber, que todos somos hijos de Dios y, por tanto, estamos llamados a vivir en auténtica fraternidad. Pentecostés es la fiesta de las fiestas, pues en este acontecimiento nace la Iglesia, y los discípulos son revestidos de la Fuerza de lo Alto. Se terminaron los miedos, las dudas, la tristeza, el encerramiento. Esta es la hora del Espíritu, es la hora de Dios, es la hora del testimonio. Se abren de par en par las puertas del Reino de Dios para todos. La salvación de Dios ya no es exclusividad de un pueblo, de una raza, de una religión. En el Espíritu de Dios, toda la humanidad es una sola, todos somos constituidos hijos del mismo Padre. La Iglesia se hace católica, universal, abraza a todos, todos pueden entrar en ella. Dios es el Dios de todos.

En Pentecostés se realiza el triunfo del bien, de la verdad, del amor, de la vida.  Pentecostés es la efusión del Espíritu de la verdad, que nos llevará hasta la verdad plena, por eso caminar según el Espíritu nos lleva a vivir en la búsqueda humilde y permanente de la verdad y a comprometernos seriamente con el desenmascaramiento de las mentiras de la realidad humana. El Espíritu que viene sobre nosotros, como vino sobre los primeros creyentes, irrumpe en el mundo y lo podemos sentir como viento fuerte, como ruido impetuoso, como fuego abrasador, que nos saca de la inercia anodina de la pasividad, del indiferentismo, de la abulia colectiva, del miedo paralizante, de la desidia y de la resignación ante el mal imperante.

Ante la impotencia que parece provocar en nosotros el mal en sus múltiples manifestaciones, el del narcotráfico, el de la corrupción que destruye la dignidad y la credibilidad de las personas e instituciones, el del interés meramente económico monopolizado por las minorías pudientes, que abrazan el dinero como el dios más absoluto, el de la violencia estructural tanto del sistema social como de la inseguridad ciudadana, el de la carencia de trabajo para tantas personas; es posible esperar al Espíritu de la vida que viene también hoy a comunicar sus dones y ponerlos al alcance de todos: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Dones que deben producir en nosotros frutos de caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad.

Por eso el Espíritu de Pentecostés, que es el Espíritu del Resucitado comunicado a la humanidad, es el Espíritu “Paráclito”, el invocado como verdadero consuelo del ser humano, abogado permanente de los pecadores y mediador silencioso del perdón que transforma el corazón humano. Y en esa experiencia profunda anida la más profunda alegría del Espíritu. Nuestro País, nuestro Pueblo, nuestras Comunidades,  todos nosotros, necesitamos  un Pentecostés permanente, para que el Espíritu impulse al testimonio de la vida en el amor a todos  los creyentes, de modo que seamos testigos comprometidos de la verdad, de la libertad y de la justicia, que son los valores que conducen a la verdadera paz; que el Espíritu infunda inteligencia y sabiduría para gobernar a los responsables políticos y sociales de nuestros países, y a todos nos de la capacidad para vivir en la verdad y en el perdón, que son fuentes de alegría y de consuelo para la humanidad y de manera especial estos días para Colombia. ¡Ven, Espíritu Santo, ¡renueva en nosotros la belleza del evangelio! Correo del autor: elciast@hotmail.com

Padre, Elcías Trujillo Nuñez. Diócesis de Garzón (Colombia).  Domingo pentecostés-Ciclo B- Mayo  23 de 2021.

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