EL TROPEZÓN

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Durante al afán al que hemos convertido nuestra existencia, de por si pasajera por este planeta, nos tropezamos con una piedra que aún no orillamos en el camino: Un tal Virus, llamado como si fuera un modelo de automóvil, Covid-19.

Dese el mes de marzo del 2020, un poco apocalíptico por como separamos los 4 dígitos, las Aula de clase del mundo, del país y por su puesto del municipio de Garzón dejaron de ser cuadriculadas con un solo telón de fondo llamado tablero. Como buenos Colombianos y Huilenses no dimensionamos lo complejo de la situación que la existencia misma nos presentaba, parecía algo pasajero, amorfo, volátil (y lo es), algo de lo que siempre sucede por allá en las grandes urbes; pero no fue así, casi un año después sigue con nosotros. Nos toco las puertas del hogar, le dimos la bienvenida con buenas dosis de alcohol e incluso, por el clima del centro del departamento, lo recibimos con bastante agua y jabón. Ahora es un habitual personaje que deambula por las calles, barrios y veredas de la querida capital diocesana.

“La educación tiene que reinventarse” escuchábamos que vociferaban muchos. Y ciertamente lo pudo hacer o quizás los más optimistas dirán que lo logró. Pero en el fondo lo que cambiaron fueron los métodos, las formas, los horarios, los lugares y como dirían los narradores de futbol: “De aquello nada”. El tablero pasó a ser de dimensiones más pequeñas (Dependiendo del celular, la Tablet o el computador), la voz del docente se grabó, los más chuscos y simpáticas fueron tan osados que dispusieron sus rostros frente a las cámaras, lo que se escribía en el tablero ahora se escribe en guías, los gritos en las aulas de clase ahora retumban en las casas de los profes. Y si, “de aquello nada”.

En el afán de mantener ocupados a los docentes y éstos a su vez a sus alumnos (de alguna manera en sus casas), se nos olvidó que posiblemente no veníamos haciendo las cosas bien, que tal vez evolucionamos para seguir con los mismos sueños e ideales, o bueno, no los mismos porque ahora son digitales, pero son los mismos. Nunca se había presentado una oportunidad de hacer una alto en el camino y mirar atrás, mirar a un lado, mirar al otro, mirar arriba, mirara abajo, en fin, mirar a cualquier parte, pero mirar. Observar, conversar, retomar, revolver, recoger, rendir, y quizás así también y por supuesto reinvertirnos.

Ya no estamos en aquel año de los 4 dígitos, ahora es uno nuevo, pero parece tan viejo como la formas, métodos, reflexiones, aplicaciones y todo lo que se mueve en el hermoso mundo de la educación. Lastimosamente como dicen los viejos “El tiempo pasa volando”, pero pasa volando porque lo único que hacemos es verlo pasar, el capitalismo malévolo creo un fin para todos. La piedra con la que tropezamos hace más de un año nos ha enseñado que el único fin debe ser la existencia, la salud y el buen vivir. Es hora de preguntarnos ¿Qué está haciendo la educación por ese fin? O mejor aún ¿Cuál es el fin que busca la educación?

Cuando ya han transcurrido más de 12 meses con nuestro nuevo amigo, el visitante que quiere quedarse, me pregunto si acaso la educación hubiese trabajado arduamente por un sólo fin: el enseñar “Respeto”, ¿Cuál sería nuestra postura frente al visitante? Cuando simplificamos la educación de esta manera, entenderíamos el verdadero valor de respetar las normas, respetar nuestros abuelos, respetar nuestros padres, respetarnos a sí mismos. Si encontráramos este fin, las circunstancias actuales, supongo, serían diferentes. El afán en que caminábamos fue el que nos hizo tropezar, al parecer la educación se metió, desde hace mucho, en ese cuento de lo rápido y lo veloz. Tal vez con un solo fin, como el “Respeto”, la piedra con la que tropezamos no hubiese existido, o si existiera, la hubiésemos respetado, al punto de cambiar al intentar quitarla por reconocerla y rodearla para seguir el camino. Soy optimista en que podemos observar bien el camino, en que la educación local se piense en sí misma, sin esperar que las ideas lleguen prestadas y a sí fortalecer el primer paso al caminar, sin afán, en la existencia y paso por este planeta.

Por Hernando Cerón / Marzo 2021

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