Estériles o Fecundos. Palabra de Dios

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«Se acercó finalmente el que sólo había recibido un talento y dijo: «Señor, sé que eres hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; tuve miedo y escondí tu talento en tierra; aquí tienes lo tuyo». Su amo le respondió: «¡Criado malvado y perezoso!.» (Mateo 25,14-30)

Por Johanna Cardona B.

Al final de la película “La Ciudad de la Alegría”, de Dominique Lapierre hay una frase que me ha llamado la atención: “Lo que no se da, se pierde”. Qué hermoso pensamiento y qué verdad humana tan grande y tan real. Y es que ciertamente, lo que no se entrega, lo que se guarda para uno mismo, no sólo no se conserva, sino que se pudre y se muere.

Le pasó al tercer hombre de la parábola de este domingo. Escondió su talento en la tierra y no lo hizo producir. Y el rey entonces se lo mandó quitar y dárselo al que tenía más, para que produjera más. Parece un acto demasiado poco compasivo del rey para que este súbdito que sólo quería no malgastar lo recibido y guardarlo intacto para devolverlo.

Pero es precisamente eso lo que le recrimina el rey. Porque se nos ha dado la vida para entregarla, se nos han regalado unas cualidades para comunicarlas y hacerlas fructificar, no para que las guardemos egoístamente. Dios no quieres que hayamos tenido una vida intacta a nivel moral o legal, sino una vida entregada, aun con el riesgo de equivocarse. Los que no entregan ni se arriesgan, tampoco producen nada.

Les pasaba a los fariseos a los que dirige casi siempre sus parábola Jesús, que vivían una piedad religiosa legalista, una relación con Dios basada en el miedo. Y sigue pasando en la Iglesia, y en muchos cristianos. Cristo no nos invitó a encerrarnos, ni a conservar lo entregado, sino que nos lanzó a la calle, a predicar, a evangelizar, a ser innovadores y creativos, a vivir el gozo de creer y la alegría de ser cristianos.

Porque no hay nada peor que la esterilidad humana y espiritual. El tesoro, el oro del cual nos habla la parábola de hoy, el regalo que es la gracia de Dios no es para enterrarla, sino para disfrutarla y entregarla. Pongamos, pues, a trabajar todos esos talentos que Dios nos ha dado, todas las semillas de bien y de bondad que Él ha puesto en nuestros corazones, todo esa fe que vale más que el oro y que debemos dar a otros con esperanza y con fiesta. Porque sin duda, encontraremos más alegría en dar que en recibir.Y se multiplicarán nuestros dones y seremos beneficiados en lo que damos.

Nota: este Domingo celebramos la Primera Jornada Mundial de los Pobres. Oportunidad que nos ofrece el Papa Francisco para preguntarnos que estamos haciendo por los más necesitados que viven alrededor nuestro?

Padre Elcias Trujillo

Mail: elciast@hotmail.com

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