INICIOS EDUCATIVOS – Hernando Cerón

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Durante la última semana de enero del 2026 en gran parte de territorio nacional iniciaron las clases académicas. Para quienes estamos adscritos en el llamado “Calendario A”, como el departamento del Huila, significa iniciar un años académico nuevo en los ciclos de primaria, secundaria y media técnica. Para muchos guámbitos es la introducción a uno de los sistemas más establecidos en el crecimiento humano: el sistema escolar.

Los recuerdos esporádicos que llegan a mi mente retornan con sentimientos de tristeza cuando contaba con escasos 5 o 6 años de edad y soltaba la mano de mi madre para ingresar a un lugar al que todos llegaban y salían a una hora determinada. Imágenes constantes pasan en el recuerdo al ver todo muy grande. El llanto sobre mis ojos amenazaba con tapar la poca visual de la silueta de mi progenitora alejándose de la puerta del lugar.

Esos primeros pasos en el sistema educativo, me traen en la actualidad una postura crítica entorno a todos los sujetos caminantes en el sistema educativo del país.

Vuelvo a recordar, entonces, la confianza que fui adquiriendo al caminar paso a paso de un nivel a otro en la primeria, secundaria, media técnica y universitaria.  Problemas y dificultades se presentaban constantemente, pero el empuje para solucionarlos alborotaba las ganas de un culminar con gallardía todos los obstáculos para convertirlos en posibilidades con ayuda de profesores, padres de familia o quien extendiera sus manos.

En este punto, me detengo para analizar la actualidad después de muchos pasos en los terrenos planos, ascendentes y descendentes de la ruta educativa. Más de dos décadas después  me encontré bajo la condición de otro actor educativo, la docencia. Pero ahora parece existir un cambio drástico en la confianza de mis estudiantes hacia la educación, tanto en el plano universitario como de secundaria y media técnica, escucho constantemente a mis estudiantes referirse con desconfianza de su proceso educativo. La confianza acompañada de credibilidad por el camino que transité, lo observo convertido en pasos llenos de desconfianza y desacreditación por parte no solo de mis estudiantes, sino también de padres de familia, y lo más preocupante, de mis compañeros docentes.

Ahora no resuena en mí el llanto al ver a mi madre alejarse de la puerta de la escuela en aquellos años. Ahora siento preocupación por tanta desacreditación y desconfianza.

Podría entrar a convalidar tantos análisis entorno a esta problemática que pasaríamos a la desesperanza de observar algo que se fue introduciendo en todos los actores educativos. No es por supuesto un problema nuevo, fue involucrándose poco a poco de la mano de todos los actores: Estado, familia, educandos y educadores. Pero ahora parece  haber hecho metástasis para todos y con todos.

Aunque la enfermedad es muy compleja de curar (si es que existe una cura o si es que fuere una enfermedad), puesto que hasta el momento no hay diagnóstico que explique tanto brote complejo, la herramienta más eficaz podría estar en la simpleza de expresar la verdad sobre lo que queremos como objetivo educacional en un país lleno de sabiduría. Podríamos empezar por decirnos la verdad a nosotros mismos, una verdad individual que lleve a interiorizar el hacerse cargo de los propios prejuicios, de los propios métodos y fórmulas que sólo con un análisis individual podemos cambiar como sujetos. Reconozco la complejidad del autoanálisis en coyunturas tan pesadas como las habituales, pero es la esperanza que nunca se pierde. Convoquémonos a hacer de nuestro intelecto la herramienta primordial para la mejoría constante individual. Cuando esto haya pasado, el segundo escalón nos llevará a cogernos de las manos para poder elaborar colectivamente un cambio de perspectiva en la ruta mágica, eficaz y potente que es la educación.

 

HERNANDO CERÓN
Enero 2026

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