Todos, cada día, recibimos un bono de vida por 86400 segundos que trae consigo 3 condiciones: la primera, es que el bono es emitido al portador; la segunda, su monto no es acumulable y la tercera, que es intransferible. En pocas palabras: es tuyo y para ti.
El nuevo año es un tren que viaja todo el tiempo con la misma ruta y velocidad, depende de ti, qué tan agitado o sereno quiere que sea su transitar. Claro, unos pasajeros son nuevos, otros repiten -repetimos- viaje, unos se quedan en alguna estación que los conecta con otro destino, otros simplemente los arrastra la inercia.
Su maquinista de apellido ‘tiempo’, nos presenta sus 12 vagones debidamente marcados, 365 sillas ubicadas con dirección hacia al frente en su mayoría y con lo necesario. Con la plena garantía de disfrutar con plenitud: la mente, alma, corazón y de nuestros 5 sentidos. Sentidos diversos y desarrollados a nuestra manera, a la capacidad de cada uno, de cada quien.
Cuando te encuentres dentro de él, simplemente ubícate en la silla correspondiente, todo está ordenado para que el viaje continúe. Si algo falla, recuerda que tienes muchos y particulares accesorios de viaje (herramientas de vida) en tu valija para mejorar la situación, para cada clima. El amor, la empatía, el razonamiento, la justicia, la tolerancia, la sabiduría… Todo lo positivo que no puede faltar en tu maleta; si algo te falta, no te preocupes, no viajas solo, hay más y multidiversos pasajeros en la misma hilera y el compartir es parte inherente a cada relación de viaje. Es disfrutar del viaje, no del destino, este destino ya lo sabemos, lo que no se sabe es la fecha de llegada ni la estación.
Entonces, enfócate en lo positivo del año que termina.
No dejes de evaluar y proyectar tu vida.
¡Ánimo!
De fijo nos encontraremos en el camino.
Scarpetta













































































