Señor sálvame. Palabra de Dios

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« Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el  agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo,  empezó a hundirse y gritó: -«Señor, sálvame.» En seguida Jesús extendió la  mano, lo agarró y le dijo: Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?».  (Mateo 14,22-33)

Hay preguntas  que no son fáciles de responder. En este domingo la pregunta hecha por Jesús a Pedro compromete toda la vida. Me refiero a la pregunta que le hace a Pedro en el momento mismo en que lo salva de las aguas: «¿Por qué has dudado?».

 A veces las más hondas convicciones se nos desvanecen y los ojos del alma se nos turban sin saber exactamente por qué. Principios aceptados hasta  entonces como inconmovibles comienzan a tambalearse. Aparecen las dudas, las incertidumbres. Y se despierta en  nosotros la tentación de abandonarlo todo sin la posibilidad de reconstruir nada nuevo. 

Otras veces, el misterio de Dios se nos hace agobiante y abrumador. La última  palabra sobre mi vida se me escapa y es duro abandonarse al misterio. Mi  razón sigue buscando insatisfecha una luz clara de respuesta.  No pocas veces, la superficialidad y ligereza de nuestra vida cotidiana y el  culto secreto a tantos ídolos nos sumergen en largas crisis de indiferencia y  escepticismo interior, con la sensación de haber perdido realmente a Dios. 

Con frecuencia, nuestro propio pecado quebranta nuestra fe, pues ésta decae  y se debilita cuando negamos a Dios el derecho a ser luz y principio de acción  en nuestra vida.  Si somos sinceros, hemos de confesar que hay una distancia enorme entre el  creyente que profesamos ser y el creyente que somos en realidad, solo escapulario colgado sobre el cuello. 

 ¿Qué hacer al constatar en nosotros una fe a veces tan frágil y vacilante?  Lo primero es no desesperar ni asustarse al descubrir en nosotros dudas y  vacilaciones. La búsqueda de Dios se vive casi siempre en la inseguridad, la  oscuridad y el riesgo. A Dios se le busca a tientas. Y no hemos de olvidar  que muchas veces la fe genuina sólo puede aparecer como duda superada.  Lo importante es aceptar el misterio de Dios con el corazón abierto.

Nuestra fe  depende de la verdad de nuestra relación con Dios. Y no hay que esperar a  que nuestros interrogantes y dudas se encuentren resueltos, para vivir en  verdad ante ese Dios.  Por eso, lo importante es saber gritar como Pedro: «Señor, sálvame». Saber  levantar hacia Dios nuestras manos vacías, no sólo como gesto de súplica sino  también de entrega confiada de quien se sabe pequeño, ignorante y  necesitado de salvación. 

No olvidemos que la fe es caminar sobre agua, pero con la posibilidad de  encontrar siempre esa mano que nos salvó del hundimiento total. Nota: Mañana Lunes 14 a las 4 pm Homenaje al Señor de los Milagros en la Parroquia Santa Teresita en Garzón.

Con la visita del Papa Francisco, demos el primer paso por la reconciliación y la paz. 

Dom 13 de Agosto  2017- Domingo XIX T.O.Ciclo A

P. Elcías Trujillo Núñez

Mail: elciast@hotmail.com DEUS MAGNUS EST

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