En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. ‘Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. (Lucas 10, 1-9)
Por Jhon Erick Villanueva
La Palabra del Señor nos pone en estado de misión. Lo propio del cristianismo es “ponerse en camino”, no estarse quieto. Nos recuerda el Evangelio que la vida es camino, que la fe es misión. Un camino lleno a veces de muchas dificultades y de desánimos, como la vida misma, como la misma fe. Jesús también pone en marcha a sus discípulos y los empuja al camino, a ser misioneros por los caminos del mundo, sin más pretensión que llevar la Buena Noticia del Evangelio a aquel que la quiera escuchar y acoger.
Para ir en camino, hay que ir ligero de equipaje, con sencillez y sobriedad, sin demasiadas cargas que luego pesan demasiado, incluso confiados en la compañía de Dios y en la generosidad de la gente que sabe valorar el desprendimiento voluntario a favor del Reino.
Vivimos hoy tiempos difíciles en todos los sentidos, pero también en el de la fe. Estamos inmersos en una sociedad de consumo que sólo escucha los anuncios de felicidades fugaces basadas en la posesión de efímeros y a veces absurdos e inútiles objetos de consumo. Pocos escuchan la Buena Noticia de un mensaje que pone el ser por encima del tener. Pero no debemos desanimarnos ni ponernos agresivos. Ya le ocurrió a Jesús, ya dice él que les ocurrirá a sus discípulos de todos los tiempos. Sin olvidar que lo nuestro no es imponer, sino ofrecer generosamente, con alegría, la paz que sólo Dios da, la paz del corazón que no puede dar esta sociedad materialista. Y sin grandes alardes ni parafernalias mediáticas. El Reino de Dios, no lo olvidemos, crece discretamente, humildemente, como grano de mostaza, como levadura que fermenta la masa del pan.
No debe preocuparnos la cantidad, sino la calidad de la vivencia. No importa que haya menos cristianos, lo que importa es que no dejemos de evangelizar, de dar testimonio de la fe con amor y con alegría. Lo demás es obra de Dios. A nosotros se nos pide sembrar y ser auténticos, lo demás vendrá por añadidura. Es verdad que tenemos que orar para que haya más obreros en la mies, pero sin olvidar que es Dios quien da los frutos y regala la vocación. Preparemos una fe más testimonial, una Iglesia más acogedora y alegre, unos cristianos convencidos, que llaman la atención, para que el mundo pregunte por la causa de su alegría, como ocurrió con los primeros cristianos y comunidades. 
Pongámonos en camino, salgamos de nuestras “madrigueras” de las parroquias y comunidades, salgamos al mundo, a la intemperie, allí donde se “cuecen” los verdaderos problemas de la gente, estando cercanos a todos, acogiendo a todos, ofreciendo amor a todos, en diálogo respetuoso con todos, pero sin ocultar ni disimular el sentido y la raíz de nuestra fe y de nuestra identidad. Hoy más que nunca debemos tomar conciencia de que todos somos misioneros allí donde estamos, no dando por supuesto que todos creen o todos acogen el Evangelio. Partamos de cero, en una evangelización, como decía san Juan Pablo II, y repite el Papa Francisco, que incorpore nuevos y creativos métodos, sin miedos, entusiasta, abierta a todos, hacia las periferias de la vida, con la convicción de la fe y del amor.
Padre Elcías Trujillo Núñez. Diócesis de Garzón (en Colombia). Domingo décimo cuarto Ciclo C- 7 de Julio de 2019. correo del autor: elciast@hotmail.com













































































