El árbol se conoce por sus frutos. Palabra de Dios

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«El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca.» (Lucas 6, 39-45)

Por Jhon Erick Villanueva

Hoy nos invita el Evangelio a cuestionar nuestra autenticidad. Así sabremos si somos realmente cristianos o no. También nosotros somos como los árboles, destinados a dar frutos. Y la pregunta es, si producimos frutos útiles, sabrosos, provechosos para Dios y para los demás. ¿Las personas que nos rodean vienen a confortarse y alimentarse de nosotros? ¿Se dirigen a nosotros cuando necesitan un consejo, una ayuda, un servicio?

No podemos olvidar esa Palabra de Jesús tan clara y contundente: “no el que dice ‘Señor, Señor´ entrará en el Reino de los Cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre” (Mateo 7,21). Hoy decimos: “Señor, Señor”. Pero esto no basta, si no cambiamos nuestra vida. Y la voluntad del Padre nos exige justicia para con los que dependen de nosotros, amor para con los que nos rodean, ayuda para con los que la necesitan.

¿Para qué reunirnos cada domingo en el templo a cumplir unos ritos y oraciones, si al salir no ha cambiado nada en nuestro corazón, en nuestra conducta, en nuestras costumbres? ¿Para qué participar en la Misa, si al salir no nos amamos más que antes, si no nos reconciliamos con los hermanos alejados? Es el peligro de toda religión: realizar gestos y ritos sin cambiar el comportamiento diario. Pensemos en aquello que dice que, cuando llegue el día del juicio sólo entrarán al Reino celestial los que cumplen la voluntad del Padre.

Nuestras confesiones no nos sirven para nada si no nos enseñan a perdonar a cuantos nos han ofendido. Solo hay una cosa que Dios no puede perdonarnos: que no perdonemos a los demás. No hemos recibido el perdón de verdad, si no lo hemos transmitido a los otros. No hemos conocido el amor de Dios si no amamos a nuestros hermanos. Cristo ha querido una religión en espíritu y en verdad, no una religión de frases y fingimientos. Los frutos que demos, han de ser testigos de la vida divina que mora en nosotros. Nuestra conducta debe responder de nuestra fe. Nuestro amor a los demás debe probar nuestro amor a Dios. Preguntémonos, en este caminar en el cristianismo, mi vida ha cambiado en algo?

Nota: El próximo miércoles comienza el Tiempo de la Cuaresma. El miércoles de Ceniza es día de ayuno, y en los viernes de Cuaresma se observa la abstinencia de algún gusto personal, todo para convertirlo en una ofrenda destinada a los más pobres, en la Campaña Comunicación Cristiana de Bienes. En este tiempo de Cuaresma, profundicemos en la oración, en la limosna y en la penitencia; y, así, cumpliremos lo que se nos dicen al imponer la ceniza: “Conviértete y cree en el Evangelio”. Amén.

Padre Elcías Trujillo Núñez. Diócesis de Garzón, en Colombia. 8° Domingo T.O. Ciclo C- 3 de Marzo de 2019

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