«Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: -«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.» Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.”.» (Mateo 2,1-12)
Por Jhon Erick Villanueva
Celebramos hoy la fiesta de la Epifanía (manifestación) del Señor, popularmente llamada la fiesta de los Reyes Magos. La Epifanía refleja el alcance universal de la salvación traída por Cristo, la Buena Noticia de su Amor ofrecida, manifestada a todos los hombres, es decir, el centro es Cristo que se da a conocer a todos los hombres, reflejados en estos tres magos, reyes, astrólogos, sabios, buscadores de la fe, de diferentes razas y pueblos. Aquí el regalo es el mismo Jesús. La fiesta de los Reyes Magos tiene su centro en esos personajes que la tradición popular y apócrifa ha reducido a tres y los ha llamado Melchor, Gaspar y Baltasar.
Sus regalos al Niño Dios se han convertido en fuente de fiesta del regalo, competencia directa con el Papá Noel de muchos países americanos y de todo el mundo. Aquí el centro son los regalos que nosotros le ofrecemos a Jesús; oro como rey, incienso como Dios, mirra como hombre. Es decir, hoy es la fiesta del regalo, sobre todo del regalo de la fe que nos trae Jesús, el principal de los regalos, que nos otro que regalarnos su Amor, su Paz, su propia vida divina. Jesús nos acoge como humanos para llevarnos a Dios y abrirnos su Corazón de Padre. ¡Maravilloso regalo! Lo demás, lo que nosotros le podamos ofrecer a Dios es nada en comparación con lo que Él nos da, pero aun así, Jesús acoge el pobre regalo de nuestra humilde fe y de nuestro amor. Y todo de forma gratuita e incondicional. 
Hoy el regalo ha perdido este sino de gratuidad para convertirse en un espectáculo de consumo y de interés. Parece que un regalo que no cuesta mucho dinero no es regalo. Todo se compra y se vende. Nos olvidamos a veces, aunque lo sabemos y lo valoramos, que los verdaderos regalos son los que nacen del corazón, los que no cuestan dinero pero nos dan felicidad: la familia, el amor, la amistad, el tiempo, la escucha. Todo eso que es gratuito y que nos llena por dentro. Y al revés, muchas cosas caras son eso, cosas, que se regalan pero que no implican nada a la persona que los regala. Son fríos y vacíos, deshumanizados. Ojalá que nosotros recuperemos el sentido original del regalo, la gratuidad. Y desde luego que el mejor regalo que podemos dar a los demás somos nosotros mismos, nuestra persona, nuestro amor, nuestro tiempo, nuestra amistad.
Nota: que este 2019, sea un verdadero regalo portador de mucha paz para Colombia. Feliz año. Mail: elciast@hotmail.com














































































