«Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida definitiva y yo lo resucitaré el último día, porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida.» (Juan 6, 51-58).
Por Johanna Cardona B.
Hoy el Evangelio nos habla de una Comida que no es puramente simbólica, porque realiza lo que significa, absolutamente real, aunque no sea física ni científicamente demostrable, porque se lleva a cabo en el nivel de la fe y de los valores. En un mundo tan escéptico ante todo lo que no se pueda demostrar por la razón o la ciencia, este lenguaje puede resultar chocante, desfasado. Pero se trata de rescatar su significado más profundo: la maravillosa ocurrencia de Dios de quedarse entre nosotros a través de dos signos tan universales: el pan y el vino.
Más cercanía no cabe, más amor no es posible. Dios no es un ser alejado de nuestra vida, sino encarnado en nuestra historia. Dios no se desentiende de nuestros dolores, hambres, sufrimientos, sino que se abaja para compartirlos con nosotros. El problema del hambre material del mundo, este escándalo que nos sobrecoge y avergüenza, no es Dios quien debe solucionarlo, está en nuestras manos. Pero hay otras hambres en el ser humano que sólo Dios puede saciar: el hambre de amor, de sentido, de esperanza.
Creíamos que el dinero, el materialismo, las cosas nos iban a dar automáticamente la felicidad y para siempre. Pero no ha sido así. Se nos han derrumbado una vez más los mitos de una sociedad sin problemas y en progreso ilimitado. Hemos vuelto a descubrir valores que estábamos olvidando: el ser humano sólo es feliz cuando ama de verdad, cuando vive en un entorno familiar y social positivo, cuando se entrega, cuando se humaniza, cuando da lo mejor de sí mismo, cuando no se aísla egoístamente de los demás, cuando abre su vida a un sentido a un horizonte trascendente que da sentido a su existencia.
Por eso, más que nunca, aparte de la valoración de la Eucaristía como alimento vivo de fe y de amor, el mensaje de Cristo en este domingo es más pertinente y actual que nunca en esta sociedad que lejos de llenar las hambres más profundas del ser humano, sólo hace crecer la experiencia de soledad y vacío . Por eso no debemos acobardarnos ni desanimarnos porque veamos cierta indiferencia religiosa a nuestro alrededor, causada en muchos casos por el pésimo e incoherente testimonio de muchos cristianos y de su vivencia hipócrita de la Eucaristía.
Con nuevo entusiasmo y convicción, apoyados en Cristo Alimento de vida, debemos ser testigos en nuestros entornos de que hay otros alimentos que no son materiales pero que llenan nuestra vida de felicidad y que debemos aprender a valorarlos de nuevo: la familia, los amigos, la fe, el perdón, la gratuidad, la austeridad, la solidaridad, el amor. Pero también, este mensaje nos compromete a los cristianos a vivir la Eucaristía como fuente de encuentro con Dios y de solidaridad con los que sufren. Si Dios se hizo Pan para nosotros, nosotros debemos ser también Pan para que quienes nos necesitan y debemos poner todos nuestros esfuerzos en la construcción de un mundo donde nadie pase hambre y donde todos vivamos en igualdad y dignidad.
Nota: el Próximo Sábado 24 de agosto, desde las 9 am, en el Colegio La Presentación de Pitalito, celebraremos nuestro Expocarisma de la Vida Religiosa, le esperamos. E mail: elciast@hotmail.com
DOMINGO 20° T.O. – 19 de Agosto de 2018- Ciclo B- P. Elcías Trujillo Núñez














































































